FIN DE SEMANA EN URDAIBAI (RESERVA DE LA BIOSFERA)

Aquí estamos con un viaje más para el recuerdo. En esta ocasión quisimos celebrar mi cumpleaños en un lugar que teníamos muchas ganas de visitar: San Juan de Gaztelugatxe.

Es un sitio precioso y, a pesar de que fuimos durante el frío Noviembre, había mucha gente. Nos dijeron que en verano siempre está abarrotado, por lo que preferimos huir de la muchedumbre para poder disfrutar más, cosa que nuestros perros agradecen.

Como muchos ya sabréis, San Juan De Gaztelugatxe se ha hecho especialmente conocido por “dar vida” al Reino De Rocadragón para la serie Juego De Tronos, hogar de la gran Daenerys De La Tormenta (sí, me habéis pillado, soy muy fan), por lo que esperamos que la gente lo cuide mucho para que, más allá de la serie, siga teniendo esa magia.

VIERNES

Cargamos todo en el coche y al rededor de las 10 de la mañana salimos dirección al País Vasco. Llegamos allí sobre las 15:00 de la tarde, por lo que fuimos directos a nuestro alojamiento. Elegimos uno de los apartamentos rurales con baño privado de Casa Rural Iturbe (Axpe de Busturia), en plena naturaleza como a mí me gusta. No tuvimos ningún problema en quedarnos con nuestros tres pequeños, de hecho, fueron muy agradables tanto con ellos como con nosotras y nos dieron un plano con todo lo que se podía visitar en esa zona.

Uno de los sitios que nos recomendaron fue la Playa de San Antonio en Sukarrieta (Pedernales), así que fuimos sin pensarlo. Cuando llegamos tuvimos la suerte de que estaba la marea baja, así que la playa era gigante. Los chicos estuvieron corriendo como locos de aquí para allá. No siempre tenemos la suerte de tener una playa privada 😉

Como ya se nos hacía tarde nos acercamos a un supermercado, compramos algo para cenar y nos fuimos a descansar: al día siguiente nos esperaba el gran reto.

SÁBADO

Nos despertamos con lluvia y pensábamos que se nos había fastidiado el día, pero nada nos iba a parar: subiríamos a la Ermita fuese como fuese, así que nos pusimos rumbo a San Juan de Gaztelugatxe.

Cuando llegamos parecía que el cielo se abría y nos daba una tregua, pero la lluvia nos había dejado una sorpresa: barro, barro y más barro. Si vais en coche, se puede aparcar en el parking que hay en frente del Restaurante Eneperi y desde ahí empieza el paseo.
Para llegar a la escalinata hay que pasar primero por un tramo de camino empedrado muy cómodo. Cuando termina ese paseo, llega otro tramo un poco menos bonito con unos escalones de madera muy resbaladizos por la lluvia y llenos de ese maravilloso barro que os comentaba. Os recomendamos llevar ropa cómoda y calzado antideslizante.

Para subir a la Ermita son 241 escalones, pero después de bajar y subir los 763 escalones del Faro del Caballo en Santoña (Cantabria) esto nos pareció pan comido.

Según íbamos subiendo el viento era más fuerte, por lo que tuvimos que hacer varias paradas durante el camino para animar a nuestra Noah (es muy friolera, como buena galga que es). Ella junto con sus hermanos fueron las estrellas del camino: ¡¡se llevaron un montón de mimos!! Aunque no es de extrañar, eran los únicos perros que se atrevieron a subir ese día.

Nada más llegar arriba está la huella de San Juan Bautista. Cuenta la leyenda que el Santo llegó a la costa vasca, desembarcó en Bermeo y, en tres zancadas, llegó al islote (dejó una huella con cada pisada, la última en el último escalón). Según dicen, él mismo mandó construir la Ermita en lo alto. Sin embargo, las lenguas también cuentan otra versión y es que la Ermita al parecer podría estar construida en su memoria tras su degollación.

Lo primero que hay que hacer al subir es ir a la campana, tocarla tres veces y pedir un deseo. Antiguamente se solía pedir para ahuyentar a los malos espíritus o para ser más fértiles. Rufo también pidió el suyo: volar con sus grandes orejas 🙂 Una vez allí es inevitable parar unos minutos y disfrutar de las maravillosas vistas que hay desde el islote. Justo al lado de la Ermita hay un refugio con bancos y mesas de piedra, una chimenea y un baño público. Debe ser genial pasar una noche allí y ver el amanecer.

Después de un rato de relax comenzamos el camino de vuelta hasta el restaurante donde dejamos el coche y aprovechamos para hacer una nueva parada para disfrutar de un pintxo y una caña en la terraza. Como ya era habitual en la zona, nadie nos dijo nada por estar allí con los tres perros, sino todo lo contrario, todo eran sonrisas hacia ellos. Ojalá algún día esto no sea una excepción y que se normalice poder estar con nuestros perros en cualquier sitio.

 

Después de llenar la barriga nos fuimos a Mundaka para dar una vuelta por el puerto y llegamos a otra Ermita, esta vez a la de Santa Catalina, un lugar idílico al lado del mar. Cuando llegamos estaba cerrada, pero desde la verja se podía ver perfectamente todo el interior, tiene hasta un pequeño barco colgado del techo. Lo que más nos gustó es que justo al lado hay un área de esparcimiento canino muy bien señalizada. No está vallado, pero es una zona verde con unas preciosas vistas al mar, por lo que se pueden dar unas carreras sin ningún problema.

Para aprovechar bien el poco tiempo que nos quedaba allí, decidimos volver a Sukarrieta a visitar la Isla de Txatxarramendi, que también pertenece a la Reserva de la Biosfera de Urdaibai. Aquí se puede ver el jardín Botánico y la sede del Instituto de Estudios Oceanográficos, pero cuando llegamos ya estaba cerrado, por lo que nosotros nos quedamos con las ganas. Aún así quisimos dar un paseo por la zona y ver la Ría de Mundaka.

DOMINGO

Nos levantamos con un sol radiante así que aprovechamos para dar un paseo por la zona antes de coger de nuevo la carretera para volver al mundo real. Sin duda volveríamos a elegir ese alojamiento por las increíbles vistas y la tranquilidad. Y seguramente lo hagamos, porque la Reserva de la Biosfera de Urdaibai todavía tiene muchas cosas por las que merece la pena volver una y mil veces.

Siento la calidad de algunas de las fotos, pero con los tres perros y depende de donde estemos tengo que hacer las fotos con el móvil.

 

 

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